Puta siempre y en todo lugar

Martes, 21 noviembre 2006

Las limpiezas generales del hogar son un verdadero asco.
Llevaba toda la mañana dandole al mocho, la mopa, la lejía, el pronto…
Estaba totalmente agotada y mi aspecto era deplorable, llevaba un pantalón tipo chandal blanco de esos que tienen una goma ancha en la cintura que era viejo ya y me quedaba bastante apretado y una camiseta de tirantes fucsia algo desteñida y también de talla algo menguada. Me había vestido medio dormida aun y me había puesto unas bragas blancas muy cómodas pero gastadas y nada eróticas y había prescindido del sujetador para estar más cómoda.
El pelo lo llevaba recogido en una especie de coleta doblada sobre si misma, pero se me escapaban mechones por todas partes.
Estaba limpiando el último cuarto que me faltaba para completar la titánica faena, el cuarto de baño grande y entre el duro trabajo y las bombillas alógenas estaba roja como un tomate, chorreando sudor por todas partes y como ese día aun no me había duchado olía a rayos.

Oí como se cerraba la puerta de casa y la voz de mi marido saludandome.
Le dije dónde me encontraba y vino a verme.
-Hola mi amor, no sabes como vengo hoy…
Evidentemente estaba salido como un cabrón, quizás se había calentado en el trabajo con esa furcia de secretaria nueva que le gustaría tirarse.
-Hay déjame en paz ¿no ves como estoy?
Me miró deteniéndose especialmente en el notorio sudor que marcaba mis tetas en la apretada camiseta y dejaba intuir las bragas por delante y por detrás.
-Muy buena- me dijo sonriendo, intentando besarme y sobándome las tetas con una mano y humedeciendo la otra en el sudor de mi coño.
-Joder, que no me apetece, ¿tu crees que me siento atractiva así?, déjame acabar anda y por la noche ya veremos.
Se apartó de mi y me dirigió una dura mirada que me hizo intuir lo peor.
El bofetón que me dió me hizo saltar un par de lágrimas y que me ardiera la cara.
-¡¿Quién eres tu para hablarme así cacho puta?!- me gritó.
-Cielo por f..-
No pude ni empezar la frase porque me cojió fuertemente por el pelo poniéndome de rodillas ante el mientras se sacaba la polla hasta tal punto que creí que me lo arrancaba todo.
-¡Tu harás lo que a mi me de la gana y cuando me de la gana sin rechistar, hija de puta, que tu solo vives para servirme ¿está claro, perra?!-
-Si, mi amor- dije con voz tímida.
-¡Chupa y calla, cerda!-

Viéndome de esa guisa y con los guantes de fregar aun puestos se la empecé a chupar temerosa, intentando que no notara que estaba a punto de llorar, porque se que esto le excita muchísimo y sabe dios lo que me haría si se pone más caliente aun. Pero como aun no me había soltado el pelo el tenía el control y me giró la cabeza para verme la cara y yo al ver que me miraba a los ojos no pude aguantar el llanto mientras me atragantaba con su verga.
Se súbito me levantó de un solo tirón de pelo y me puso de espaldas a el y me bajó los pantalones hasta los tobillos y apoyando mis manos en la taza del water, dejando mi culo a su merced me arrancó las bragas rompiendolas en pedazos haciendome mucho daño y acercó su caliente y crecida polla al agujerito de mi culo agarrándome por las caderas con fuerza.
Intenté soltarme y suplicarle entre sollozos pero no resultó
-Cielo, por favor, no seas cruel conmigoaAAAAHH-
Tampoco en esta ocasión pude acabar de hablar porque me hundió toda la polla en el culo haciéndome gritar de puro dolor y dándome un golpe contra la cisterna en una mejilla por el empuje animal de la penetración.
Intenté agarrarme a cualquier cosa y escapar, pero solo conseguí tirar algunos fascos al suelo y que el me cogiera con una mano por las muñecas y tuviera más control aun.
-Puta de mierda, te vas a enterar de quien es tu dueño y me vas a decir lo puta que eres-
Metió mi cabeza dentro del water mientras me culeaba hasta que pensé que me caería tubería abajo o me moriría entre vómitos de puro asco.
-Dime ahora quien manda y qué eres tu, perra de mierda-
Iba a decir algo como “Tu mandas mi amo soy tu fiel esclava”, pero solo se oyó el “Tu” porque mi marido tiró de la cadena en ese momento ahogandome en el water provocando que mi culo se contrajera alrededor de su polla, excitandole esto más aun y follando mi culo con más fuerza.
Me sacó la cabeza cuando el agua cesaba de rotar de la cisterna, y respiré entre toses y nauseas mareada.
Cuando por fin pude respirar con normalidad intenté decir algo entre jadeos
-Por favor para mi amor, para ya.. no me hagas daño…-
Pero el volvió a meter mi cabeza en el water brúscamente y no pude reprimir unas nauseas tremendas, de manera que vomité el escaso desayuno que había tomado entre convulsiones que a mi esposo deron mucho placer dentro de mi culo.
Permitió que levantara la cabeza solo para verme el muy cabrón.
Me giró la cara hacia el y pudo ver mis ojos hinchados de los vómitos, el moraton de la mejilla y toda mi cara y mi pelo llenos de vómito y agua del water y esto le excitó mucho de nuevo.
Metió nuevamente mi cara en el water de manera que literalmente me tragué mi propio vómito entre arcadas mientras intentaba suplicar perdón aunque no pudiera pronunciar ni se me entendiera nada.

En ese momento fui consciente de que me estaba corriendo como una cerda y mi marido también lo notó

-Así me gusta verte, perra. Que seas mi puta sin ninguna condición.
Vamos dímelo tu, dime que eres mi puta y yo tu amo, guarra.-
-Si,amo soy tu puta, lo soy!!-
pero el no me oyó con claridad al estar mi cabeza en el water y tiró nuevamente de la cisterna mientras culeaba con más fuerza si cabe.
Toda mi essperanza era esa frase que el quería oir y pese a estar ahogandome, cuando empezó a meter y sacar mi cabeza del water para que no me ahogara del todo intenté decir esa frase con todas mis fuerzas, hasta que una de las veces que sacó mi cabeza entre toses y convulsiones pude gritar como si la vida me fuera en ello ¡¡Soy tu puta!! ¡Y tu mi amo, mi único amo y señor!
tras lo cual volvió a meter mi cabeza en el water mientras se corría en mi dolorido culo.
Noté que me agarraba con más suavidad y al fin me soltaba e intenté incorporarme, pero las piernas me temblaban y me fallaban y crei que me quedaba allí tirada cuando me cojió del pelo y me levantó un poco, lo justo para que viera como me meaba en la cara, mientras yo solo podía decir como una autómata -tu puta, soy tu puta mi señor..-

Se fue dejándome allí tirada, llorando e intentando recuperarme.
Tras mucho rato me pude levantar y darme una reparadora ducha, tras lo cual un poco tímida salí del cuarto de baño y me dirigí a la cocina, donde el estaba.
-¿Está hecha la comida?-
-Si, amor mio, ahora te la sirvo-
Y mientras empezaba a sacar las viandas le di un beso muy tierno y le dije -Te quiero mucho, amor mio-, le soreí como una tonta y continué sirviendo la mesa.

Puta barata

Lunes, 08 mayo 2006

Cierto día mi maridito despues de una intensa tarde de sexo me comentó en la cama que le rondaba una cuestión por la cabeza hacía unos días, una cuestión sexual y que me implicaba directamente.
Me dió un escalofrío; cada vez que mi esposo tiene una ocurrencia de las suyas acabo dolorida y humillada o cosas peores aun.
-Tu vistete como si fueses una puta, pero una puta barata, la más barata de las zorras y luego te cuento.

Así que me puse el corsé granate y negro que me regaló hace poco con unas medias de liga de encaje negras y un tanga rojo, de esos que tienen una abertura en el sexo.
Encima me puse una minifalda blanca de licra ajustadita a traves de la cual se notaba muchísimo el tipo de ropa que llevaba debajo y ni siquiera me tapaba del todo las ligas.
Me decidí por unas sandalias rojas de 9 cm tacón.
Por ultimo me maquillé, pero que maquillaje… labios rojos con gloss, ojos supercargados de maquillaje, eyeliner máscara de pestañas, en fin.. Nunca hubiera pensado que yo misma pudiera tener aquella cara de chupapollas, pero vamos, si me veo a mi misma con esa facha pienso seguro "esa trabaja con la entrepierna".

Así me presenté ante mi hombre y puso cara de autentica satisfación. -Estupendo ahora vamos- me dijo.
-Oye cari, pero mira como voy, ¿a dónde vamos? no quiero que nadie me vea así.- El me miró con dureza y me dijo -ponte esto y haz lo que te digo- y me alcanzó un abrigo largo que, si, me tapaba hasta los tobillos, pero me hacía parecer más fulana aun.

Bajamos en el ascensor hasta el garage yendo yo con paso inseguro y temblorosa y tuve la suerte de que no nos cruzamos con nadie hasta estar dentro del coche que un vecinoentraba y nos saludó. Mi marido me miró y se rió, porque estaba completamente ruborizada y me dijo: -si en el fondo eres un zorrón y te gusta, no se porqué pones esa cara.
Y la verdad es que tenía razón porque un poco mojada si que estaba aunque con los nervios ni me había dado cuenta.

Salimos del garage y poca gente caminaba ya por las calles, era como la una y media de la mañana y era martes, así que solo vi un par de borrachos.
Mi esposo paró en la acera de enfrente de un pub donde había dos o tres chicos en la calle con sus copas y justo al lado una farmacia de guardia. -Bájate y compra una caja de condones allí.
Lo miré confundida
-pero vida, hay gente y…-
-¡que hagas lo que te digo, estúpida!- el tono como dijo esto me dió miedo y automáticamente me bajé del coche.
Crucé la calle rogando pasar desapercibida, pero aquellos tacones resonaban en la calle vacía como martillos y los chicos no tardaron en seguirme con la mirada hasta que toqué el timbre de la farmacia como a cinco metros del chico más cercano.
Salió la farmaceutica y me miró de arriba a abajo con gesto despectivo y me preguntó que quería -una caja de preservativos, por favor- dije yo, percatandome de soslayo horrorizada que los chicos habían oido a la perfección mi frase.
Cuando la farmaceutica me dió el paquetito corrí a pagarle y guardarlo en el bolso (donde además mi amado maridito me había hecho guardar el vibrador y vaselina antes de salir de casa) y volví a cruzar la calle observada, mientras seguía escuchando el rumor de los comentarios de los chicos, rumor en el cual había distinguido para mi verguenza palabras como "puta" "trabajar", "clientela"…
La cara de mi marido era todo satisfación cuando llegué al coche totalmente colorada.
Arrancó el coche y se dirigió a una zona de la ciudad desconocida para mi bastante cutre y con aspecto de haber gente peligrosa. Llegamos a una calle donde prostitutas ejercían su labor… ahí es donde realmente me empecé a poner muy nerviosa, porque intuia de algún modo las intenciones de mi marido.
Paró casi al final de la calle, donde solamente se veían un par de putas muy a lo lejos, una calle arriba, otra calle abajo.
Se giró en su asiento y me espetó: -"¡venga, a trabajar!".-
Yo no daba crédito, conociendome sabía lo mucho que me había costado hacer todo aquello, pero esto era demasiado. -¿Me estás pidiendo que salga ahí y me acueste con otros por dinero?- A lo que asintió.
Me sentí abrumada, no podía con aquello ¿cómo el hombre al que amaba podía pedirme una cosa así? Pero si además sabe que me da mucho asco estar con alguien que no sea el… Me sentí tonta, perdida, ridícula así vestida… lo unica reacción que me salió fue romper a llorar.
Mi maridito ahí me dió muchos mimitos, muchos te quieros, etcel caso es que no se cómo, pero consiguió hacerme creer que era algo que debía hacer por amor a él, que así sabría lo que lo quería y hasta dónde le pertenezco, no se ni cómo ocurrió, el caso es que me ví al poco rato fuera de aquel coche esperando clientela. Y además se empeñó en quedarse con el abrigo, así que a los dos minutos estaba totalmente congelada.
Mi marido aparcó el coche en un callejón un poco más adelante y se quedó mirando desde el interior.

Cada dos o tres minutos pasaba un coche, que al pasar a mi lado disminuía la velocidad y miraba "la mercancía", me moría de verguenza, en cualquier momento podía pasar por allí algún conocido y verme así.
Cuando ya estaba muerta de frio paró un coche a mi lado. El conductor era un señor de unos 45 años, normalito y simplón.
Llevaba la ventanilla bajada y mirandome con desprecio dijo: -"si me cobras menos que la de allí, tienes trabajo, nena"- a lo que respondí: -"depende de cuanto te cobre la de allí" (creí que me había vuelto loca cuando me oí hablar así, tan metida en el juego). -20 euros- me dijo el señor. ¡¡No me lo podía creer, hay personas que se prostituyen por 20 míseros euros!! y además allí había un tío que creía que yo valía menos que eso. Me sentía humilladísima y me ardían las mejillas. Por eso me sorprendí aun más cuando oí que mi voz le respondía: -Por quince te ago subir al cielo-. No podía creerme que el tipo aquel aun pusiera cara de pensarselo, pero al final dijo -Venga , sube- y mientras me sentaba me tiró con desprecio los quince euros, que metí en el bolso casi agradecida de estar en un coche con calefacción, hacía tanto frio que hasta gratis me hubiese dejado follar.

Me aterraba estar dentro de aquel coche con aquel desconocido mirandome las piernas de aquel modo, con total derecho sobre mi cuerpo y que además podría hacerme cualquier cosa, a fin de cuentas yo no era más que una pobre puta barata…

Metió el coche en el mismo callejón que mi marido, era un callejón muy estratégicamente ubicado y con las sombras precisas. Mi marido se escondió y no lo vimos al pasar, pero cuando aparcamos a escasos metros, vi como se incorporaba en su asiento. Que cerdo, por eso se metió en ese callejón, quería verlo todo bien de cerca, incluso tal y como estaba situado veía la calle "principal" y el callejón y además cualquier coche que aparcara dentro de éste se le ponía a contraluz, con lo que veía perfectamente todo lo que pasaba dentro de él. Lo tenía muy estudiado, vamos.

Pensaba en todo esto cuando una frase me acuchilló los oidos: -"Venga, empieza con la boca"-.
Ahora si que me ardían las mejillas. Que asco, que verguenza… Miré al otro coche y distinguí la silueta de mi marido y recorde sus palabras de animo y pensé "tengo que hacerlo por el" mientras me invadía una especie de patriotismo conyugal y un amor infinito por mi hombre. Antes de poder arrepentirme empecé a desabrochar el pantalón de aquel hombre y bajarle los calzoncillos.
No estaba mal dotado, pero aquello daba lástima, no parecía que aquel pedazo de carne pudiese erguirse duro.
Empecé a manosearlo suavemente acercando mi cara a la del individuo que empezó a reaccionar poco a poco, gracias al olor de mi caro perfume así desperdiciado y mis delicadas manos.
Cuando aquello empezó a tener un poco de consistencia, miré al coche de mi marido pensando que nunca se lo iba a perdonar y bajé mis labios a la polla de aquel borrego.

Aquel rabo empezó a tomar medidas considerables, no en vano según mi marido soy una verdadera chupapollas profesional.

Cuando empezaba a preocuparme bastante la idea de que aquel tarugo pudiera correrse en mi boca me dijo que me pusiera encima suyo, momento que aproveché para ponerle un preservativo mientras le besaba por la zona del cuello y me restregaba contra él y me quité el top y la falda mostrandome ante aquel desconocido cuán puta era.
Poniendome sobre él, casi con el culo encima del volante, separando las dos aberturas de mi tanga introduje aquel aparato suavemente en mi interior.
Yo miraba a traves de la ventanilla de vez en cuando pensando en mi marido, en que estaba excitandole viendome muy nitidamente siendo tan puta y empecé a sentirme extrañamente excitada, cuando de repente el señor me dijo: -¡Para, suave!.
Bajé el ritmo y flipé cuando me di cuenta que ya se había corrido. Menudo record, aquello no pasó de entre dos y tres minutos.
Me bajé de el y se quitó el condón, lo ató y me lo tiró encima con desprecio -Toma, esto es tuyo- dijo, con una sonrisa asquerosa. -Venga , bájate ya, ya he perdido bastante el tiempo.

Así que me vi en el callejón aun ajustandome la ropa, decepcionada, humillada y algo enfadada.

Me dirijí al coche de mi marido, pero tenía puesto el seguro, le piqué en la ventanilla y su cara salió de las sombras y abrió la ventanilla. -Ábreme, cariño, que me muero de frio-
Pero más de hielo me quedé cuando me respondió: -Aun no has acabado tu trabajo.- -¿Cómo?- -Vuelve a tu esquina.-, -Pero, ¿no te has quedado ya contento o qué?-, -¡¡No me repliques zorra!!, ¡¡Eres una puta, así que vete a tu puta esquina!!- y mientras decía esto cerraba la ventanilla.
Intenté abrir nuevamente la puerta , pero el seguro seguía puesto. -¡¡Eres un cerdo, joder, ¿qué más quieres que haga? ¿Cómo puedes hacerme esto? Mira el frio que hace… Joder yo no me casé contigo para que me pusieras de puta, yo no soy una puta!!- todo esto lo decía entre sollozos , gritando enfadada, pero dejé de hacerlo al ver que ni se inmutaba y triste me di la vuelta hacia la calle donde ejercía mi nueva profesión.

Me sentía algo cansada ya, tremendamente sucia, necesitaba lavarme y quitarme de encima el apestoso hedor de aquel desconocido y el agrio sabor de su miembro de mi boca. Volvía a tener bastante frio ya cuando apenas pasados cinco minutos, aun sin reponerme y tras pasar un par de coches de salidos conductores que me desecharon, se detuvo un todo terreno que conducía un chico de unos 25 años, gordito y aparentemente bastante bebido -Ven pacá hermosa, que tu si que tienes cara de viciosa-
Agradecida de que semejante cerdo me permitiera subir a su vehiculo y mitigar un poco el frio no pude dejar de percatarme de que el individuo llevaba alianza de casado y en el asiento de atrás había juguetes de niño -Menudo asqueroso- pensé -casado, con niños y anda por ahí a estas horas borracho y con putas- este pensamiento me hizo poner colorada, ya me consideraba a mi misma como una puta…
-¿Cómo te llamas?- en eso no había pensado y tardé un par de segundos en reaccionar y dije el primer nombre que se me pasó por la cabeza -Susana- Tienes un buen culo, Susana, eso es lo que quiero, darte por detrás- -Eso te costará un poquito más de lo normal- me hice la interesante -Me da igual, si quiero romperte el culo lo voy a hacer- -eso te saldrá por 70 euros, corazón- -¿Cómo? ni hablar, te doy cincuenta, y da gracias que no te parto la cara y te lo reviento sin darte un duro- le vi cara de ser muy capaz -Vale, por cincuenta entonces, guapo- me guardé los billetes en el bolso y saqué un condón para tenerlo a mano.
-Chúpamela- esta vez ni me lo pensé, bajé mi cara a la entrepierna de aquel animal y se la chupé.
Ya me dolía la mandibula de tanta felación cuando el pene del gordito empezó a desperezarse y abrirse camino en mi boca, seguramente por efecto del alcohol.
-Pasa atrás y quitate eso- me dijo dejando de acariciarme el pelo con aquellas enormes manazas y apartando mi cabeza de su entrepierna.
Obedecí sumisa, me volví a desnudar y pasé al asiento trasero, lo mismo que él.
Le puse el condón poniendole cara de guarrilla y el respondió colocandome sobre el asiento abierta de piernas de un modo agresivo y sin más preambulos me la clavó tan bruscamente que me hizo un poco de daño, a pesar de que yo estaba bien lubricada.
Las furiosas embestidas poco a poco se fueron convirtiendo en un vaivén carente de ritmo y potencia y en ese instante se me apeteció ser un poco mala y comencé a gemir y jadear, a frotarme contra el y acariciarle el culo.
Esa actitud le convirtió de nuevo en un arma folladora y empezó a embestir de nuevo como un loco, lo que me dio pie a mi a fingir más aun, de tal modo que parecía que era el polvo de mi vida: le gritaba que me follara, que era su putita y todas esas cosas. En un momento dado le arañé en la espalda y en el culo y me aseguré de dejarle un buen chupón en el cuello. Quería cerciorarme de que su mujer se percatara de la joya que tiene en casa.
En un momento dado me levantó en volandas de sopetón y volteandome en el aire me puso a cuatro patas, siendo tan fragil como soy parecía una marioneta en las manazas de aquel enorme bruto.
Di gracias a dios por haberme echado un poquito de vaselina antes de empezar la tarea, porque el muy desgraciado arremetió contra mi culo con todas sus fuerzas haciendome dar un grito de dolor (este si que no fue fingido en absoluto).
Mordiendome los labios aguanté como pude mientras el se cercioraba de empotrarme la cabeza contra la esquina entre el respaldo y el suelo del asiento y la pared del vehículo de tal modo que me golpeaba en ocasiones y en otras me ahogaba sin poder incorporarme porque aquella bestia tenía agarradas mis muñecas desde atrás con fuerza y me manejaba a su antojo tirando a veces de mi incorporandome un poco y aplastando mi cara contra el cristal del coche
Mi excitación creció en ese punto, me sentía humilladísima siendo follada por aquel insensible gordo, borracho, con un aliento infernal, empapada en su sudor con mi dolorido culo abierto en canal sin miramientos, me sentí tremendamente sucia, tremendamente puta y además mi marido estaba a pocos metros viendo lo muy puta que es su mujer.
Cuando el hombre estaba a punto de correrse me dijo algo así como -qué puta eres Susi, qué puta más grande- y así me sentí, puta, la puta de aquel hombre y la de cualquiera que me alquilara, nunca me sentí mas zorra en mi vida que cuando noté lo muy caliente que estaba y mis piernas empezaron a temblar mientras contestaba a la bestia con voz muy entrecortada y jadeante -si, cariño, tu putita, follate a tu putita, rómpeme bien el culo, oh dios cómo te siento en él, sigue mi amor- no pude decir nada más, me corrí como una cerda, notando como mis líquidos bajaban por mis piernas y sobre las medias hasta mojar el asiento del coche ya que suelo tener orgasmos en los que me sale bastante cantidad de fluido cosa que me da bastante verguenza.
Noté como el condón se llenaba de líquido mientras, además de puta, mi cliente me llamaba otras cosas que no distinguía, por su borrachera y mi posición empotrada y se desplomó de repente sobre mi, aplastandome con su gran peso y así estuvo durante diez minutos al menos, durante los cuales se durmió sobre mi a intervalos.
Me sentí realmente sucia, aplastada por aquel ser inmundo sudoroso que echaba su sucio aliento en mi nuca, empapada en sudor, pelitos de mi cliente, mi fluido vaginal y un poco de su semen que al quedarseme dormido se le bajó el empalmazo y se salió por fuera.
-Espero que estes contento, esposo mio, mira lo que hago por amor hacia ti- pensé  mientras lloraba de impotencia ante la imposibilidad de moverme en absoluto debajo de aquel peso.
Cuando creí que estaríamos así hasta amanecer, el hombre se incorporó diciendo que tenía que irse que su mujer lo iba a matar por llegar tan tarde, etc… -Si, ahora te acuerdas de ella- pensé. Y mientras me vestía mi ropa de putita, decidí rematar la faena y "olvidarme" el tanga detrás del asiento de copiloto, totalmente empapado en mi fluido, al igual que el asiento de atrás, que también tenía brillantina y barra de labios asi como el cristal… para rematar me eché un poco de perfume que llevaba en el bolso cerciorándome de salpicar bien el coche y a mi acompañante.
-Espera- me dijo mientras me disponía a bajarme del todo terreno, sacó una tarjeta de la guantera y me la dió. Ponía el nombre de un arquitecto y el de una chica llamada Marta y dos teléfonos móviles -llámame al de la izquierda y hacemos para vernos de vez en cuando y gracias, hacía tiempo que no follaba tan bien, eres toda una profesional, ojalá mi mujer se dejara dar por el culo y la chupara como tu. -Ya cariño,- le contesté -pero Marta no es una puta ¿no? tal vez prefiere sentir que la quieres a sentirse una guarra cuando haceis el amor-
Salí enfadada del coche dando un portazo mientras el cretino arrancaba y se iba.
Me dieron ganas de mear y sin poderme aguantar ni tener otra opción me agaché allí mismo en una esquina pese a que pasaban coches que lo unico que veían era una puta meando después de un servicio.
Llegué delante del coche de mi esposo que entreabrió la ventanilla unos centímetros -¿Puedo subir ya?-, –¿Cuánto has sacado?-, -sesentaycinco euros- dije muerta de la verguenza,-No, aun no-, -pero ¿porqué, qué más quieres que haga, no es suficiente ya?-, -Hazte otro cliente-, -Joder, no doi más de mi, estoy cansada, sucia y hace frio, porfa cari déjame subir-, -Otro cliente-, -joder, yo no quiero estar con nadie que no seas tu, ya lo sabes-, -sin embargo no te lo has pasado tan mal en ese coche ¿no? al menos los gritos no eran de desagrado- miré la distancia entre el coche y el que se había ido y me parecía increible que me hubiese oido gritar hasta que me di cuenta que teníamos la ventanilla bajada y lo cierto es que yo soy bastante gritona en la cama, para mi enorme verguenza una vez acabado el acto.
Me puse muy colorada al ver que mi marido me estaba insinuando que me gustaba todo aquello, pero seguí suplicandole que me dejara subir al coche.
-Dame tu ropa- me dijo. Me hizo desnudarme totalmente y quedarme solo con las sandalias, muerta del frio. Me dio el abrigo por la ventanilla y me dijo – ¡no subes hasta que me traigas cien euros, estúpida, que ni para puta vales!.-
Me quedé mirandole a los ojos suplicante y su mirada era fria. Lloré. Sonrió. Me sentí muy suya. Yo le pertenecía y tenía derecho a utilizarme como quisiera. El notó ese sentimiento, como siempre lo hace. -gracias por el abrigo, mi amor- le dije sumisa antes de darme la vuelta en busca de clientela.
Sabía lo que mi hombre quería de mi y se lo iba a dar, me tragaría mis nauseas y remilgos y le demostraría mi amor.
Empecé a caminar calle arriba y abajo con el abrigo entreabierto y contoneandome como si estuviera en medio de un orgasmo.
Vi entonces a otra prostituta a unos cuantos metros acercandose, era rubia de bote, pero del más artificial posible, rizosa y supermaquillada. Llevaba un pantaloncito mínimo de cebra, botas negras altas y una blusa beige transparente con un bonito sujetador negro debajo.
Se acercó a ofrecerme un cigarrillo -Qué aburrimiento de noche- dijo -Gracias, no fumo- -¿Tu eres nueva aquí, no?- -Si, vine hace un par de días de Madrid- me inventé. Me miró analizándome, del mismo modo que nos miramos las chicas por la calle cómo nos sientan los vaqueros o la camiseta o en los espejos de la zona de probadores de las tiendas, esa mezcla de envidia y desprecio tan especial y tan nétamente femenina -Eres guapa, dificil competencia.- -Gracias. ¿qué te pasó en la cara?- -El "Franele"… no se como coño quiere que haga clientela con esta facha-
-¿Llevas muchos hoy?-
-Seis, y como le lleve menos de 300 pavos me hace un mapa otra vez en la cara el cabrón-
-Lo siento.-
-No tienes la culpa, es que desde que andan por aquí los skinheads apaleando travestis y alguna de nosotras viene menos gente por aquí-
Pasó un coche y mi amiga se contoneaó provocativa acariciandose, pero el coche no se detuvo.
-Bueno, me voy calle arriba, que pocas veces nos cojen a dos a la vez, suerte guapa.
Tiró su cigarrillo casi a medias y se fué calle arriba. Me invadió una inmensa pena por la pobre chica.
Pasaron un par de coches e imitando a mi amiguita me acaricié los pechos y la pelvis provocadora con el abrigo abierto. El primer coche pasó de largo sobre un charco salpicandome hasta la cintura. El segundo coche se detuvo y bajó la ventanilla.
Llevaba música puesta, creo que Amaral.
-Hola preciosa-
-Hola guapo, si te vienes conmigo te prometo que no lo vas a olvidar.-
-Ya, seguro. ¿Te tragas corrida?-
Me asusté un poco, con todo el rollo de enfermedades de transmisión sexual que hay y le contesté:
-Solo con clientes que conozco bien-
-Pues entonces vete a tomar por culo-
Salió pitando dando un acelerón, atropellandome casi con la rueda trasera.
Venía otro coche a lo lejos y me decidí a darlo todo.
Me quité el abrigo del todo y lo tiré en un banco de la calle y completamente desnuda como estaba (solo con las sandalias y el bolso) me puse casi en el centro de la calle acariciandome el vello púbico y un pezón con mi mayor expresión de viciosa chupapollas y el coche se detuvo a mi lado.
Era un señor de entre 57 o 62 años algo borracho.
-¿Quieres que te haga tocar el cielo con los dedos, cariño? Te hago lo que me pidas.
Esto lo dije metiendo la cabeza dentro del coche y mi teta derecha casi en la boca del hombre.
-¿Te gustaría follarme por el culo? Solo te va a costar 35 euros y te prometo que te saco hasta la ultima gota mi amor.-
-Sube-
Me subí al coche y el viejo lo aparcó en el mismo sitio que los otros. Miré de refilón y allí estaba mi marido viendo la operación.
-El dinero, guapo- le recordé.
Me lo dió y me lo guardé en el bolso.
-tócame- me dijo. Le sonreí y me acerqué cuanto pude a él le desnudé de cintura para abajo con mucha ternura y empecé a tocarle la polla y los huevos suavemente, mirandole a los ojos.
-¿Te gusta así, cielo?-
No me respondió
Comencé a pajearle fuertemente y cuando la tuvo muy erecta le miré fijamente a los ojos humedeciendome los labios. Noté como tragaba saliva mientras me agachaba hacia su polla y me la metía enterita en la boca, a veces con suavidad, a veces chupando con todas mis fuerzas, besandole en los testículos y chupándolos. El hombre me sujetó la cabeza contra su polla e indefensa solo pude chupar al ritmo que él me marcara. Me apretaba contra su polla de manera que a veces me atragantaba un poco.
El hombre empezó a gemir suavemente y la presión de sus manos en mi cabeza se hizo mayor. Se iba a correr en mi boca. Y además sin condón. Por un momento me horrorizó la idea de que aquel sexagenario eyaculara en mi boca y me dio mucho miedo, pero de todos modos no podía escapar de las manos que me aferraban fuertemente haciendome tragar, así que sumisa cerré los ojos esperando la descarga de semen en mi garganta.
De improviso el hombre me apartó de su polla tirandome del pelo. -Ahh, me haces daño- le dije.
Me abrió las piernas y se puso sobre mi en el asiento de copiloto, le puse el condón y me la metió profundamente, besandome los pezones a la vez. -mmm- eso me gustó y me sentí bastante lubricada.
El hombre me folló con ganas pese a su avanzada edad.
En un momento dado que los dos estabamos muy excitados mrandonos a la cara el hombre me besó. Sentí una inmensa repugnancia, crei que moriría del asco. No solo por el beso, también estaba asqueada de mi misma. En esos momentos yo era una puta barata que estaba siendo follada por un hombre de sesenta años que además estaba clavando su lengua en el fondo de mi garganta.
Inexplicablemente me sentí tan sumamente excitada como asqueada y cuando pensaba que iba a vomitar lo que hice fue correrme con intensidad, justo en ese momento el hombre me la sacó del coño cortando mi orgasmo y dándome la vuelta me la metió de un empujón por detrás.
Esto casi me hace enloquecer de placer y de dolor y de ambos gritaba, pero al señor esto de daba igual y empujaba con más fuerza aun agarrándome fuertemente por el pelo casi arrancándomelo.
El previamente cortado orgasmo se convirtió en un orgasmo de campeonato, que yo diría que fueron tres, porque estuve como diez minutos corriendome en esa postura del perrito.
No me podía creer que el viejo aguantara tanto sin eyacular, parecía que me iba a forrar eternamente.
De pronto la sacó de mi culo, que hizo un gracioso ruidito por el vacío y dándome la vuelta y bajandome la puso sobre mi cara y me ordenó chuparsela. Lo miré pensativa y agradecida por el rato que me había hecho pasar le quité el condón y se la empecé a chupar.
Poco duró la mamada el hombre empezó a convulsionarse y cerré los ojos chupando fuertemente.
El hombre ya gritaba -¡¡PUTA!! ¡¡TOMA PUTA!!- y así me sentía yo realmente, la mayor puta del mundo.
Me corrí nuevamente justo cuando empezaba a notar sabor amargo y salado calentito en mi boca.
La descarga del anciano fue descomunal, al menos estuvo dos minutos echando líquido por su verga.
Aguantandome las nauseas intenté tragarmelo todo, pero me fue imposible semejante cantidad, no di abasto y el semen empezó a caer por la comisura de mis labios primero y a borbotones después, era como tener en la boca un grifo de semen.
No se la cantidad que tragaría pero si puedo decir que fue bastante más de lo que tres o cuatro hombres pueden echar por sus pollas.
Llegó un momento que si no la sacaba de mi garganta me ahogaba y al borde del vómito la saqué y mi cara se llenó de semen que ya se deslizaba por mis tetas y vientre y hacía un charco en el asiento frente a mi chorreante coño.
Toda mi cara se vió cubierta.
El hombre se tendió rendido en su asiento y al poco rato se comenzó a vestir.
Yo le miraba con autentica admiración. Me encontraba tan fascinada y caliente que me apetecía que aquel anciano me follara de nuevo, pero por el contrario dirigió el coche a la calle principal y allí me dejó.
Miré en el bolso y maldecí haber terminado los clinex. Estaba otra vez desnuda del todo en una calle de mi ciudad y enteramente bañada en semen sin poder limpiarme, recogiendo el abrigo del banquito cuando descubrí horrorizada que mi marido no estaba.
Se había ido y me había dejado tirada desnuda y cubierta de semen en medio de una calle al otro lado de la ciudad cuando además empezaba a clarear. No me lo podía creer.
Empezaban a caerme las lágrimas y a pensar cómo iba a ir hasta casa cuando vi que a lo lejos se acercaba el coche de mi marido. Había dado la vuelta a por mi.
Paró a mi lado en el centro de la calle y lo miré con gesto agradecido. Por toda contestación él me dijo -¿Cuánto cobras?-
-¿Cómo?- -Que cuánto cobras por un "completo"-
Entendí la situación: mi marido quería follarse a una puta y esa puta era yo.
-30 euros- le contesté -espero que los merezcas, por tu bien- me contestó.
Subí al coche de mi clien.. ¡marido! y él lo aparcó en el lugar que tan bien conocía yo ya.
-Chúpamela- me dijo. Aun no tenía la corrida de mi anterior trabajito seca en mi cara y ya estaba chupandola otra vez. Esta era una polla conocida y me la comí con verdaderas ganas y gusto, pese a que por su tamaño y mi pequeñita boca me costaba trabajo.
Cuando mi amor estaba plenamente armado se me subió encima y me la clavó hasta el fondo bombeando con mucha fuerza y abuen ritmo. ¡Eso si que era una buena polla!
Yo estaba tan mojada como lo estaría un perra en celo, pero una perra muy muy puta. Rápido empecé a gemir al borde mismo del orgasmo.
Mi esposo sacó su verga de mi y cojió de mi bolso el vibrador, un enorme aparato de color rosa y tacto gelatinoso de 32 centímetros de largo y 4 de diámetro y me lo metió en el coño con suavidad hasta que no entraba más y lo reguló para que vibrara a medio gas.
También vio los condones usados en el bolso y los cojió en la mano sonriente.
Echó en su polla vaselina, que también llevaba en el bolso y la acercó a mi agujerito de detrás. Mi marido tiene un rabo enorme y me hace mucho daño por el culo y siempre tiene que echarse vaselina para estos menesteres, de hecho aun con ella en algunas ocasiones llega a hacerme un poquito de sangre.
Noté como esa desmesurada polla se deslizaba con dificultad dilatandome, abriendome en canal, reventando mi culo hasta que sentí que llegaba a un fondo, al tope, creí que iba a estallar.
Deslizó mis piernas hacia arriba, quedando mi cabeza entre mis rodillas, para llegarme al fondo mismo del culo, en una especie de "misionero" anal, que a él le encanta porque dice que ve de frente mi cara de viciosa. Me hacía bastante daño, me encontraba al borde del llanto, pero me excitama realmente muchísimo también y sabía que eso le volvía loco de deseo a él. Mi coño chorreaba.
Con habilidad, él reguló el vibrador que llenaba mi chochito al máximo de vibración.
Creí morir de gusto. Menudo polvazo que me estaba echando mi precioso maridito.
-¿Te gusta eh puta?-
-Si, amor mio-
Empujaba más fuerte y rápido cada vez, haciendome pegar a veces cabezazos contra el cristal trasero del vehículo.
-Te gusta sentirte una puta ¿eh?-
-Si cielo-
-¡Que guarra eres! ¡Toma esto es lo que se merecen las zorras como tu! ¡Lo que les gusta a las putas!-
Tomó de improviso en su mano los condones y fue rompiendolos uno a uno sobre mi cara insultandome, llamandome puta y llenando mi cara con la corrida de aquellos hombres: Mis clientes.
Estaba llegando el climax.
Me sentí muy humillada con aquel trato y colorada de verguenza rompí a llorar.
Esto excitó mucho a mi marido que se dedicó a humillarme aun más y mientras me reventaba el culo endiabladamente entre insultos y alguna pequeña bofetada, me empezó a escupir en la cara.
Creí que si mi culo no reventaba lo haría mi cabeza contra el cristal.
Estaba siendo más humillada que nunca.
Me sentí sumisa plenamente a los deseos de mi marido.
Suya al cien por cien.
No pude más.
Me corrí.
Me corrí como muy pocas veces recuerdo en la vida.
Y grité como una loca: -¡¡¡Follate a tu puta, disfruta de ella… Vamos, asi, revientame el culo y el coño… Riegame con tu semen amor mio…. Te quiero….OHHH AAAAAAAHHH!!!-
Recibí esa noche la corrida más bestial que recuerdo inundar mi culo.
Aquella enorme verga entraba y salía sin descanso en aquel agujero que ya debía ser del diámetro de una lata de cocacola, al menos.
La leche rebosó enseguida mi culo y cayó por la raja de mi culo y se deslizó sobre mi coño y vientre llegandome incluso a las tetas.
Me sentí plenamente llena. Llena de semen y carne. Como si tuviera una manguera de corrida dentro de mi y el grifo estubiera abierto a tope.
-Te amo- le dije mirandole a los ojos con devoción y entrega con un hilillo de voz por la falta de aire y los jadeos mientras yo continuaba inmersa en un orgasmo de ensueño extraordinariamente largo y caudaloso.
Mi marido me sacó el vibrador y su polla y me dejó allí mancillada sin poder mover ni un músculo, exausta. Al borde del desmayo.
Tardé un rato en poder incorporarme, con aquellos tremendos mareos.
Con paso tembloroso por el esfuerzo y por el gran dolor de culo que tenía (de hecho lo tuve varios días) pasé a la parte delantera del coche envolviendome en el abrigo.
Cuando mi hombre me recostó en la cama era la viva imagen de la decrepitud, pero inmensamente feliz.
Puta y feliz.

Amanecer al deseo

Domingo, 07 mayo 2006

Comienza esta noche una etapa en la que narraré, para diversión de mi amado esposo, en esta bitácora mis experiencias sexuales más intensas.

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